viernes, 22 de marzo de 2013

Rilke

Vivir en los abrazos sólo puede hacerlo quien pueda morir en ellos; cada uno elige su permanencia según el gusto (deja que lo exprese con esta frívola sensualidad) de su muerte.
Lo que empuja a aquellos hombres a su marcha errante, a la estepa, al desierto... es la sensación de que a su muerte no le complace la casa en que vivían; de que no tiene sitio en ella.