Porque todo lo que creamos termina desapareciendo, pero todo lo que no hacemos nunca será creado.
Una vida en la que no se arriesga nada, es una vida perdida, pero sin embargo, cuando vamos por toda, también podemos perderlo todo a pesar de empezar sin nada.
Incógnitas de la vida que no terminan siendo sino estúpidos trabalenguas que nadie recordará al irse al dormir.
Buenas noches.
Give me a shot to remember
sábado, 7 de noviembre de 2015
domingo, 10 de mayo de 2015
Shadows die
Y nada es como antes.
Porque si tuviera que elegir entre volver al pasado y enfrentarme al futuro,
todo daría igual,
mi pasado es tan borroso que es tan solo una columna de humo,
y mi futuro es un torbellino del que solo puedo salir perdiendo.
Nada es necesario y todo es posible,
pero a las almas que me observan en este camino que algunos llaman vida,
tendré que ayudarlas a pasar este puente etéreo para que,
al menos ellas,
disfruten de esta paz que hay al otro lado.
Porque si tuviera que elegir entre volver al pasado y enfrentarme al futuro,
todo daría igual,
mi pasado es tan borroso que es tan solo una columna de humo,
y mi futuro es un torbellino del que solo puedo salir perdiendo.
Nada es necesario y todo es posible,
pero a las almas que me observan en este camino que algunos llaman vida,
tendré que ayudarlas a pasar este puente etéreo para que,
al menos ellas,
disfruten de esta paz que hay al otro lado.
jueves, 8 de mayo de 2014
El ladrón de la lluvia
El hombre de la calle se estaba mojando de arriba a abajo.
La tormenta había llegado hacía un par de horas, pero las calles estaban a punto de inundarse y las alcantarilla de llenarse, dejándolas inútiles.
Fumaba de una pipa, de la cual salía un humillo que se difuminaba en el aire.
La calle estaba desierta, solo se escuchaba el maullido de un gato que lloraba su desgracia y no encontraba un sitio donde ponerse a cubierto.
Pero, a pesar de que la tormenta siguió hasta altas horas de la madrugada, el hombre de la pipa siguió allí parado, fumando sin parar y sin que la ceniza de la pipa se apagase nunca. Miraba a una ventana encendida, de la que, a su vez, un chico de doce años le miraba fijamente a través de su telescopio recién adquirido en las pasadas Navidades.
Ambas personas, el hombre y el niño se miraron durante todoa la noche, ninguno de los dos pesrtañeó ni apartó la mirada del otro, casi como si se retaran entre sí en una competición que no tenía ni pies ni cabeza.
El chico, con su pijama de verano, había conseguido una silla antes de sentarse delante del telescopio para observar las estrellas esa noche, fue entonces cuando vio al hombre, y no se había movido desde entonces.
El hombre siempre hacia lo mismo, no apartaba la mirada de la ventana ni de la misma mirada del muchacho al que, de vez en cuando, le recorría un escalofrío la columna como si le hubieran echado un cubo de agua helada, le pegaba un par de caladas a la pipa sin aparta la vista, así toda la noche. Hasta que, por fin, justo antes de que amaneciera, apartó la mirada del niño, solo para mirar detrás de este, sonreír y saludar a algo invisible a las espaldas del chico, que no consiguió reprimir otro escalofrío. El hombre se giró y emprendió su camino hacia el final de la calle. Al irse, el chico miró a su espalda, donde su armario empotrado cerrado a cal y canto era lo único que había.
No había visto al otro chico, al que se escondía en el desván y solo se atrevía a bajar por las noches de luna nueva, donde la oscuridad era tal que nadie podía percibir lo suficiente como se traslucía su piel después de más de cincuenta años viviendo en ese mismo desván.
La tormenta había llegado hacía un par de horas, pero las calles estaban a punto de inundarse y las alcantarilla de llenarse, dejándolas inútiles.
Fumaba de una pipa, de la cual salía un humillo que se difuminaba en el aire.
La calle estaba desierta, solo se escuchaba el maullido de un gato que lloraba su desgracia y no encontraba un sitio donde ponerse a cubierto.
Pero, a pesar de que la tormenta siguió hasta altas horas de la madrugada, el hombre de la pipa siguió allí parado, fumando sin parar y sin que la ceniza de la pipa se apagase nunca. Miraba a una ventana encendida, de la que, a su vez, un chico de doce años le miraba fijamente a través de su telescopio recién adquirido en las pasadas Navidades.
Ambas personas, el hombre y el niño se miraron durante todoa la noche, ninguno de los dos pesrtañeó ni apartó la mirada del otro, casi como si se retaran entre sí en una competición que no tenía ni pies ni cabeza.
El chico, con su pijama de verano, había conseguido una silla antes de sentarse delante del telescopio para observar las estrellas esa noche, fue entonces cuando vio al hombre, y no se había movido desde entonces.
El hombre siempre hacia lo mismo, no apartaba la mirada de la ventana ni de la misma mirada del muchacho al que, de vez en cuando, le recorría un escalofrío la columna como si le hubieran echado un cubo de agua helada, le pegaba un par de caladas a la pipa sin aparta la vista, así toda la noche. Hasta que, por fin, justo antes de que amaneciera, apartó la mirada del niño, solo para mirar detrás de este, sonreír y saludar a algo invisible a las espaldas del chico, que no consiguió reprimir otro escalofrío. El hombre se giró y emprendió su camino hacia el final de la calle. Al irse, el chico miró a su espalda, donde su armario empotrado cerrado a cal y canto era lo único que había.
No había visto al otro chico, al que se escondía en el desván y solo se atrevía a bajar por las noches de luna nueva, donde la oscuridad era tal que nadie podía percibir lo suficiente como se traslucía su piel después de más de cincuenta años viviendo en ese mismo desván.
martes, 25 de marzo de 2014
Crítica al S. XXI
Hoy, por medio de unas compañeras de clse, he escuchado las estupideces que se siguen diciendo hoy en día. comentaban la última estúpida machista y sexista del Vaticano.
Punto aparte: soy una persona que respeta todos los puntos de vista, aunque a veces me den ganas de cerrarle la boca a algunas personas, pero esto, es para querer tirarse por un puente y no para hacer puenting.
Dicen que estamos en el S.XXI y todas las ventasjas que ello conlleva, que si el Internet, las nuevas tecnologías, el 3D, y todo eso con lo que estamos acostumbrados desde hace muy poco, pero es sólo eso, tecnología, moral y éticamente hemos adelantado un paso y retrocedido dos.
Resulta que ahora con la ley de aborto de mi país de residencia, España, se está montando la de Dios y, aunque parezca chiste, nunca mejor dicho.
Bueno, resulta que el aborto, desde que fue aprobado allí por los 80's, ha sido la mayor causa de asesinatos (según el obispo de Alcalá de Henares ), comparado con la Guerra Civil Española y el holocausto nazi, estos dos ejemplos de masacres de seres humanos, no son nada con los dos millones de aborto que se han producido desde su aprobación..
Pero, por favor, ¿cómo se puede comparar eso? Tanto la Guerra Civil como el holocausto, son masacres humanas por medio de otros humanos con unos ideales que, aunque sorprenda, siguen perviviendo hoy en día.
El aborto puede ser la solución a la causa de un accidente, de un momento de locura, de una violación o, incluso y muy posiblemente, de la mente de una chiquilla de dieciséis año que ha sido adulta para acostarse con alguien pero una niña para tomar precauciones (tanto para el chico como para la chica). Yo soy de las de que, según el caso en el que se quiera practicar el aborto, estoy a favor o en contra. Por lo que me considero neutral en este asunto.
Quiero dedicar esta entrada a otro asunto, por lo que dejo el link de la noticia para que juzgen ustedes http://politica.elpais.com/politica/2014/03/06/actualidad/1394124634_176745.html
La otra noticia es la de este católico (arzobispo español) que ha publicado (aunque supuestamente haya sido una mujer la que lo publicó)
El libro "Cásate y sé sumisa", enseña como ha de ser una mujer cristiana, una esposa modelo. De que, cito textualmente "Mujer, practicarás felaciones a tu marido siempre que te lo ordene. Pero cuando lo hagas, piensa en Jesús. Recuerda: ¡No eres una pervertida!"
Esto me recuerda a la era franquista, cuando nños y niñas eran separados en la escuela. Y mientras que los niños se les "enseñaba" cosas útiles, las niñas tenían que aguantar clases de cómo ser una buena esposa (obediente y sumisa con su marido) y de los deberes que tendrían que desempeñar en su casa, ya que el del ama de casa sería el único trabajo de que haría durante toda su vida.
Me parece humillante, por no decir estúpido y medieval, que todavía existan sitios donde se permitan publicar cosas como estas. Es más, como una editorial, con las mujeres que trabajan en ella y seguro que alguna que otra habrá leído el borrador, pueden dar su consentimiento a que este tipo de gilipolleces, llegen siquiera a ver la luz como un libro, algo tan valioso y sagrado para algunos. Ya ni la literatura se salva.
Bueno, después de desahogarme un poco, porque no voy a hacer una tremenda crítica a esto, ya que esto es un blog de historias cortas y "cuentos" y no de críticas, dejo en vuestras manos el hecho de elegir vuestra opinión y por qué. No voy a aislar a nadie por su opinión y se puede comentar libremente, por supuesto.
http://www.eljueves.es/2013/11/18/arzobispo_asegura_que_las_mamadas_son_pecado_hacen_pensando_jesus.html
Punto aparte: soy una persona que respeta todos los puntos de vista, aunque a veces me den ganas de cerrarle la boca a algunas personas, pero esto, es para querer tirarse por un puente y no para hacer puenting.
Dicen que estamos en el S.XXI y todas las ventasjas que ello conlleva, que si el Internet, las nuevas tecnologías, el 3D, y todo eso con lo que estamos acostumbrados desde hace muy poco, pero es sólo eso, tecnología, moral y éticamente hemos adelantado un paso y retrocedido dos.
Resulta que ahora con la ley de aborto de mi país de residencia, España, se está montando la de Dios y, aunque parezca chiste, nunca mejor dicho.
Bueno, resulta que el aborto, desde que fue aprobado allí por los 80's, ha sido la mayor causa de asesinatos (según el obispo de Alcalá de Henares ), comparado con la Guerra Civil Española y el holocausto nazi, estos dos ejemplos de masacres de seres humanos, no son nada con los dos millones de aborto que se han producido desde su aprobación..
Pero, por favor, ¿cómo se puede comparar eso? Tanto la Guerra Civil como el holocausto, son masacres humanas por medio de otros humanos con unos ideales que, aunque sorprenda, siguen perviviendo hoy en día.
El aborto puede ser la solución a la causa de un accidente, de un momento de locura, de una violación o, incluso y muy posiblemente, de la mente de una chiquilla de dieciséis año que ha sido adulta para acostarse con alguien pero una niña para tomar precauciones (tanto para el chico como para la chica). Yo soy de las de que, según el caso en el que se quiera practicar el aborto, estoy a favor o en contra. Por lo que me considero neutral en este asunto.
Quiero dedicar esta entrada a otro asunto, por lo que dejo el link de la noticia para que juzgen ustedes http://politica.elpais.com/politica/2014/03/06/actualidad/1394124634_176745.html
La otra noticia es la de este católico (arzobispo español) que ha publicado (aunque supuestamente haya sido una mujer la que lo publicó)
El libro "Cásate y sé sumisa", enseña como ha de ser una mujer cristiana, una esposa modelo. De que, cito textualmente "Mujer, practicarás felaciones a tu marido siempre que te lo ordene. Pero cuando lo hagas, piensa en Jesús. Recuerda: ¡No eres una pervertida!"
Esto me recuerda a la era franquista, cuando nños y niñas eran separados en la escuela. Y mientras que los niños se les "enseñaba" cosas útiles, las niñas tenían que aguantar clases de cómo ser una buena esposa (obediente y sumisa con su marido) y de los deberes que tendrían que desempeñar en su casa, ya que el del ama de casa sería el único trabajo de que haría durante toda su vida.
Me parece humillante, por no decir estúpido y medieval, que todavía existan sitios donde se permitan publicar cosas como estas. Es más, como una editorial, con las mujeres que trabajan en ella y seguro que alguna que otra habrá leído el borrador, pueden dar su consentimiento a que este tipo de gilipolleces, llegen siquiera a ver la luz como un libro, algo tan valioso y sagrado para algunos. Ya ni la literatura se salva.
Bueno, después de desahogarme un poco, porque no voy a hacer una tremenda crítica a esto, ya que esto es un blog de historias cortas y "cuentos" y no de críticas, dejo en vuestras manos el hecho de elegir vuestra opinión y por qué. No voy a aislar a nadie por su opinión y se puede comentar libremente, por supuesto.
http://www.eljueves.es/2013/11/18/arzobispo_asegura_que_las_mamadas_son_pecado_hacen_pensando_jesus.html
viernes, 10 de enero de 2014
El cuento de terror más corto del mundo:
El último hombre
del mundo estaba en el salón, entonces, alguien llamó a la puerta.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Fin de semana diabólico (3)
Empecé a gritar como un poseso y a golpear el suelo con el puño.
Cuando pude calmarme, empecé a tirar de la cuerda para ir al desván, pero esta no se abría. Tiré con más fuerza, pero siguió sin dar resultado.
Dejé de intentar abrir la puerta del desván, por lo que me giré y empecé a pegarle puñetazos a la pared.
Lo único que recibí fue el dolor en los nudillos, al igual que algo de sangre en ellos. Me derrumbé contra la pared, donde empecé a chillar de nuevo, esta vez con más fuerza.
Mientras el dolor se extendía por todo mi cuerpo, escuché un tamborileó que provenía del desván, presté atención. Los aullidos de dolor de mi madre hicieron que el alma se me desgarrase lo que nunca podría haber imaginado.
Me levanté una vez más y empecé a aporrear la pared, lo único que tenía a mi alcance, ya que la puerta del desván seguía cerrada e inalcanzable.
Grité con todas mis fuerzas, aún sabiendo que eso no valdría para nada y menos aún para conseguir ayudar a mi madre en su miseria. Nunca antes había experimentado tanto dolor, pero eso no me impedía moverme. Esperaba que pudiese tener una idea fantástica en el momento necesitado, pero me quedé mirando como un idiota embobado la puerta del desván, esperando a que mi madre apareciera mágicamente bajando las escaleras y sonriendo, como si todo hubiese sido una broma, pero nada de eso pasaría.
Me levanté, decidido a terminar con esto y hacer algo que valiese la pena además de estar regodeándome en mi desgracia.
Bajé las escaleras lo más rápido que pude y salí de casa, dirigiéndome hacia el cobertizo que teníamos en la parte trasera del jardín. Intenté no mirar el cadáver de mi padre todavía en el salón, bajé la cabeza intentando no imaginarme la escena en mi mente, algo que se me quedaría grabado a fuego toda el resto de mi vida.
Por primera vez desde que tenía memoria, me alegraba de que mi padre tuviese como hobby la caza, así podía coger su escopeta del cobertizo, coger las balas y matar a cualquiera que me estuviese haciendo pasar esta pesadilla y se había llevado a mi madre a sufrir al desván.
Cargué la escopeta de mi padre hasta el tope, lo que me daba unos seis u ocho disparos, no los había contado, recogí el resto de las balas y me las guardé en el bolsillo de los vaqueros, nunca antes había disparado, pero se me daban bien jugar a los dardos, esperaba que eso me ayudase algo, ya que en vez de tirar el dardo por ti mismo después de apuntar, lo único que tenía que hacer era mantener la calma al apuntar y apretar el gatillo, al menos en teoría, debía ser fácil.
Me cargué el arma al hombro y volví a entrar en mi casa, pero no sin antes pasar por el sótano.
Aunque más bien que sótano, era la típica buhardilla debajo de la escalera que tenía todas las casas de nuestra calle.
Subí de nuevo los escalones, esta vez apoyado con la mini-escalera de metal que había cogido de la buhardilla en el brazo que no tenía ocupado aguantando la escopeta.
Planté la escalera debajo de la trampilla del desván y probé a tirar una vez más de la cuerda. Seguía sin reaccionar, por lo que me bajé de la escalera manual, me aparté todo lo que pude de la trampilla sin perderla de vista. Me senté, respiré con tranquilidad, me llevé la escopeta al hombro y apunté hacia la trampilla, contuve la respiración y apreté el gatillo.
Al segundo siguiente, la trampilla había desaparecida y el aire estaba impregnado de un olor a podrido y musgo que no debería existir, sentí que fuera lo que fuese lo que me esperaba en el desván con mi madre, no era de este mundo, sería de matar, si es que era mortal, pero de eso ya tendría tiempo de averiguarlo una vez que hubiese conseguido subir a la trampilla y meterme en el desván,.
Caminé hasta quedarme debajo del agujero que había provocado el disparo, algo denso y oscuro cayó en mi cara, levanté una mano para apartarlo, pero cuando la bajé y lo miré, se me paró el corazón.
Era sangre.
Cuando pude calmarme, empecé a tirar de la cuerda para ir al desván, pero esta no se abría. Tiré con más fuerza, pero siguió sin dar resultado.
Dejé de intentar abrir la puerta del desván, por lo que me giré y empecé a pegarle puñetazos a la pared.
Lo único que recibí fue el dolor en los nudillos, al igual que algo de sangre en ellos. Me derrumbé contra la pared, donde empecé a chillar de nuevo, esta vez con más fuerza.
Mientras el dolor se extendía por todo mi cuerpo, escuché un tamborileó que provenía del desván, presté atención. Los aullidos de dolor de mi madre hicieron que el alma se me desgarrase lo que nunca podría haber imaginado.
Me levanté una vez más y empecé a aporrear la pared, lo único que tenía a mi alcance, ya que la puerta del desván seguía cerrada e inalcanzable.
Grité con todas mis fuerzas, aún sabiendo que eso no valdría para nada y menos aún para conseguir ayudar a mi madre en su miseria. Nunca antes había experimentado tanto dolor, pero eso no me impedía moverme. Esperaba que pudiese tener una idea fantástica en el momento necesitado, pero me quedé mirando como un idiota embobado la puerta del desván, esperando a que mi madre apareciera mágicamente bajando las escaleras y sonriendo, como si todo hubiese sido una broma, pero nada de eso pasaría.
Me levanté, decidido a terminar con esto y hacer algo que valiese la pena además de estar regodeándome en mi desgracia.
Bajé las escaleras lo más rápido que pude y salí de casa, dirigiéndome hacia el cobertizo que teníamos en la parte trasera del jardín. Intenté no mirar el cadáver de mi padre todavía en el salón, bajé la cabeza intentando no imaginarme la escena en mi mente, algo que se me quedaría grabado a fuego toda el resto de mi vida.
Por primera vez desde que tenía memoria, me alegraba de que mi padre tuviese como hobby la caza, así podía coger su escopeta del cobertizo, coger las balas y matar a cualquiera que me estuviese haciendo pasar esta pesadilla y se había llevado a mi madre a sufrir al desván.
Cargué la escopeta de mi padre hasta el tope, lo que me daba unos seis u ocho disparos, no los había contado, recogí el resto de las balas y me las guardé en el bolsillo de los vaqueros, nunca antes había disparado, pero se me daban bien jugar a los dardos, esperaba que eso me ayudase algo, ya que en vez de tirar el dardo por ti mismo después de apuntar, lo único que tenía que hacer era mantener la calma al apuntar y apretar el gatillo, al menos en teoría, debía ser fácil.
Me cargué el arma al hombro y volví a entrar en mi casa, pero no sin antes pasar por el sótano.
Aunque más bien que sótano, era la típica buhardilla debajo de la escalera que tenía todas las casas de nuestra calle.
Subí de nuevo los escalones, esta vez apoyado con la mini-escalera de metal que había cogido de la buhardilla en el brazo que no tenía ocupado aguantando la escopeta.
Planté la escalera debajo de la trampilla del desván y probé a tirar una vez más de la cuerda. Seguía sin reaccionar, por lo que me bajé de la escalera manual, me aparté todo lo que pude de la trampilla sin perderla de vista. Me senté, respiré con tranquilidad, me llevé la escopeta al hombro y apunté hacia la trampilla, contuve la respiración y apreté el gatillo.
Al segundo siguiente, la trampilla había desaparecida y el aire estaba impregnado de un olor a podrido y musgo que no debería existir, sentí que fuera lo que fuese lo que me esperaba en el desván con mi madre, no era de este mundo, sería de matar, si es que era mortal, pero de eso ya tendría tiempo de averiguarlo una vez que hubiese conseguido subir a la trampilla y meterme en el desván,.
Caminé hasta quedarme debajo del agujero que había provocado el disparo, algo denso y oscuro cayó en mi cara, levanté una mano para apartarlo, pero cuando la bajé y lo miré, se me paró el corazón.
Era sangre.
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