viernes, 9 de diciembre de 2011

A Medianoche

El hombre era tan alto y flaco que siempre parecía de perfil. Su sombra se recortaba minuciosamente contra la figura de la cortina gracias a la luz de la lámpara hawaiana situada encima de la mesilla de madera que había junto al sillón de orejas de cuero negro que solía utilizar para vigilar el bosque.
El hombre, tras echar un último vistazo al inmenso bosque tupido que rodeaba la casa por tres de sus cuatro paredes y en el que yo me ocultaba, dejó caer la cortina y se sentó pesadamente en el sillón; con una de las manos cogió el rifle que hasta ese momento había estado apoyado en su muslo. Por el aspecto, debía ser nuevo; el último que le habíamos visto, Darren, Paul y yo lo habíamos destrozado la última vez que nos había dado caza, en el desfiladero; había hecho bien en comprarse otro, le haría falta.
Paul gruñó a mi lado y yo le mordí el morro para hacerlo callar y su mirada de reproche hizo que esta vez fuera yo quien le gruñera. Él sabía tanto como yo las ganas que tenía de deshacerme de aquel humano que había acabado con más de la mitad de la manada.
Giré sobre mí misma y pude ver las caras hambrientas de Darren, Lucy y Paul. Los otros se habían quedado a salvo en el interior del bosque hasta que diésemos la señal.
Volví la vista a la ventana. Como todos los meses, hoy era el día de caza para ese hombre y sus dos amigotes.
Los amigos todavía no habían llegado, ni lo harían; la manada se había encargado de ello; los habíamos visto venir a toda velocidad en su todoterreno, creyéndose los reyes de la carretera. Tuvimos que ayudarles a frenar, pero frenaron tan bruscamente cuando nos vieron en medio de la carretera que se habían salido de la vía y habían tenido un trágico accidente. Reí recordando sus caras demacradas por el pánico cuando la carretera desapareció bajo sus neumáticos, humanos estúpidos...
Darren y Lucy se acercaron a mí. Les lamí el morro y aprobé su decisión, no podía seguir tolerando que por culpa de ese hombre mi manada hubiera sufrido tales estragos. Era increíble como, en cosa de tan pocos meses hubiéramos pasado de ser una familia considerablemente grande, con sus treinta y cinco individuos, y ahora, apenas un año después, solo quedásemos doce.
Miré de nuevo por encima de mi hombro: Darren, Lucy, Paul y yo éramos la avanzadilla.
Con un movimiento entre los arbustos, salieron Dean y Jace, las primeras y últimas incorporaciones que habíamos tenido desde que había empezado a descender de forma violenta y alarmante el número de los integrantes en la familia. Eran los más jóvenes de todos, apenas me llegaban al hombro. Por lo que serían el cebo perfecto para poner en marcha nuestro plan. Aprobé su atrevimiento, pero antes tendrían que esperar a que el hombre saliera de la casa y se volviera vulnerable. Si todo salía bien, ningún lobo volvería a morir en los bosques de Wolf Point.
Fijamos la mirada de nuevo en el individuo que amenazaba con hacernos desaparecer. Éste volvió a la ventana con el rifle al hombro y dirigió una mirada asesina a unos arbustos que se acababan de mover –aunque fue a causa de viento, no nuestra–. Desesperado, miró el reloj y cansado de esperar se dirigió hasta la pequeña cocina. Abrió la puerta del frigorífico y sacó dos botellas de cerveza del cajón más bajo. Se dirigió a la puerta, la abrió y salió fuera mientras intentaba abrir una de las botellas con los dientes.
Dean y Lucy gimieron y yo accedí con la cabeza.
Salieron sigilosamente de entre los arbustos para evitar que el hombre supiera de donde veníamos.
El humano, que ya iba por su tercera cerveza, estaba apoyado en la jamba de la puerta. Se quedaron escondidos hasta que el hombre se dirigió al embarcadero que había frente a la casa, sumergió los pies en el agua hasta la altura de los tobillos, dejó el rifle al alcance de su mano, abrió la cuarta cerveza y, de un solo trago, la dejó casi vacía.
Dean, con su contagiosa inocencia, se acercó poco a poco al asesino mientras Lucy apartaba inteligentemente el rifle del alcance del humano con una de sus patas delanteras.
Cuando Dean y Lucy se situaron en su posición, hice la señal a Darren y a Paul para que me siguieran sin montar alboroto. Advertí a Jace que se quedara escondido por si las cosas salían mal.
Antes de entrar en la cabaña –el humano había sido tan estúpido que, demasiado confiado o a lo mejor víctima de un fatal descuido, había dejado la puerta abierta–, observé cómo Dean todavía se hacía el inocente intentando jugar con el hombre que, extraordinariamente, no sospechó de él y le acarició con calma la cabeza al igual que a Lucy.
Con una de las patas delanteras abrí lo suficiente la puerta para poder deslizarme al interior del hogar con mi forma animal. Paul y Darren me siguieron con mucho sigilo.
El interior de la casa no era nada del otro mundo, no había nada que valiera dedicar aunque fuese un segundo de atención, salvo que todos y cada uno de los muebles de la casa eran de madera. Paul se dirigió con calma a la cocina y abrió como pudo el frigorífico atraído por el aroma a comida. En su interior, se llevó un gran chasco cuando se dio cuenta de que lo que más abundaba en el interior del electrodoméstico era la cerveza. Darren se dirigió al salón, donde la chimenea todavía calentaba tenuemente con un pequeño fuego que amenazaba con apagarse en cualquier momento. Yo, en cambio, me dirigí sin rodeos hasta la habitación.
El dormitorio era como cualquiera en este tipo de cabañas perdidas en medio de la nada.
Un cuerpo muy parecido al mío, situado al fondo de la habitación, llamó mi atención y, cuando descubrí para mi total desgracia lo que era, no pude evitar que el recuerdo inundara mi mente.

Había luna llena, lo que significaba que era noche de caza. Shelby, mi hermana, era la Alfa de la manada, y se las había arreglado para que, a pesar de mi mínima experiencia, fuera la segunda al mando y mano derecha en el consejo. Había organizado el grupo como todas las noches de caza, en dos equipos: uno llamaría la atención de la presa, mientras el otro equipo se encargaba de derribarla y arrebatarle la vida.
Corrimos durante toda la noche, solamente iluminados por el resplandor de nuestra madre, reina del cielo nocturno hasta que nos topamos con la gigantesca manada de alces. Fue rápido, abatimos al macho alfa y dejamos que los demás se fueran. Había sido una buena caza.
Los problemas empezaron cuando sonó el disparo.
Cuatro hombres salieron de entre los árboles y empezaron a disparar a diestro y siniestro a cada lobo que podían.
Mi hermana pensaba que solo querían al alce, por lo que ordenó que cogiésemos lo que pudiéramos cargar entre los dientes y corriéramos lo más rápido posible hacia el desfiladero, nuestro lugar de reunión más cercano en ese momento.
Después de que llegásemos al desfiladero, todo sucedió demasiado rápido. La manada ya había rebajado sus efectivos de defensa a la mitad, y solo quedábamos unos veinte. Cuando uno de los cazadores apuntó directamente hacia mi hermano y a mí –ambos estábamos acurrucados en la esquina más cercana a mi hermana, temblando de miedo–, mi hermana reaccionó enseñando los dientes y saltó ágilmente sobre el humano.
En cuanto tumbó al hombre, el disparo que sonó a continuación fue amortiguado por el pelaje gris claro de Shelby, que se derrumbó a su lado con una mancha roja de sangre que ensuciaba su sedoso pelaje.
El hombre que había matado a mi hermana quedó sumergido al instante bajo los cuerpos de una decena de lobos que le arrancaron la vida en pocos segundos.
Los otros tres cazadores se marcharon a toda pastilla cuando la manada se enfureció de verdad por haber perdido a su querida Alfa.
Paul y yo nos quedamos al lado del cadáver de mi hermana hasta que casi morirnos del frío cuando se desató la tormenta de nieve dos días después del ataque. La manada tuvo que arrastrarnos en contra de nuestra voluntad para alejarnos de ella. Después de eso, los cazadores habían venido a por su cuerpo.
Y ahí estaba ahora, delante de mí, llena de paja para evitar que se pudriese, habían remplazado sus preciosos ojos del color de la miel por unos de cristal. Estaba en posición de aullar, con la cabeza inclinada hacia arriba y la pata delantera izquierda elevada levemente para dar ese porte distinguido del Alfa, el mío, me había hecho con el título. Con su muerte, los primeros meses después de la tragedia, la manada fue de mal en peor, yo no conseguía recuperarme. Por eso había pensado –un año después– que si me vengaba podría ir en paz.
Una lágrima solitaria resbaló por el pelaje de mi rostro.
Me dirigí hasta la ventana que había junto a la cama, era lo suficiente baja como para que no tuviera que cambiar a humana para avisar a la manada y, encima, estaba abierta. Me apoyé en las patas traseras y aullé. La señal. Desde el otro lado del bosque escuché los inconfundibles aullidos del resto de mi manada que daban comienzo a la caza.
Escuchamos los disparos antes de poder pensar con claridad.
Sin pensar en otra cosa, Paul se escondió como pudo tras la mesa de la cocina, Darren hizo lo mismo tras la puerta principal de la casa y yo me senté encima del sillón de orejas del asesino al que íbamos a matar. Qué irónico.
El hombre entró como una bala en lo que pensó que sería su salvación y se arrepintió al instante. Miró desanimado el rifle, apuntó directamente hacía a mí como había hecho su compañero hacía un año y apretó el gatillo. Sonó un chasquido, el rifle estaba descargado. Se levantó rápidamente y fue corriendo hasta la cocina e intentó coger el resto de la munición, Paul lo evitó. Lanzó un mordisco al aire intentando alcanzarlo y no lo consiguió. El humano volvió otra vez hasta al salón cuando Dean y Lucy entraron gruñendo amedrentadores y nos miró con miedo.
Otro aullido dio la entrada en escena de los demás componentes de la manada, que ni se molestaron en penetrar en la casa por la ventana abierta y rompieron todas las ventanas con sus cuerpos.
Poco a poco, fueron cercando al moribundo contra la pared sólida a su espalda, enseñando los dientes y lanzando pequeños mordiscos al aire. Observé desde mi asiento privilegiado, de cómodo cuero negro cómo le desgarraban poco a poco las ropas y le abrían pequeñas heridas sangrantes en distintas partes del cuerpo y, cuando el olor de la sangre los enloqueció finalmente, atacaron en serio.
Todavía con un halo de vida y sin dejar que se desmayase, bajé de mi trono. El humano me miró a mí con un miedo terrible, animal, más aún que a toda mi familia junta. Mi pelaje blanco como la nieve virgen y mis ojos azules como zafiros sin tallar no debieron de inspirarle muchas esperanza de vida. Ni falta que hacía; no pensaba dejarle que disfrutara de lo poco que le quedaba de su estúpida vida. Luego, me abalancé sobre su cuello y asesiné al asesino.

-Son dos dólares con cincuenta centavos –le di los tres dólares y esperé la vuelta con impaciencia cuando el banquero se empeñaba en conseguir las monedas con sus rechonchos dedos–. Qué pena, ¿no? Lo del hombre ese que fue atacado el miércoles por la noche. ¿Qué crees que fue, Jena? –me encogí de hombros cuando por fin me dio la vuelta. Hoy todo el mundo hablaba de lo mismo, era lo que cabía esperar en un pueblo tan pequeño como este.
-¿Un oso?
Esta vez fue el banquero el que se encogió de hombros.
-Tal vez –finalizó.
Me despedí con un movimiento de cabeza y volví con paso rápido a casa.
Habíamos apostado y me había tocado pringar a mí y tener que ser yo la que comprase el periódico semanal. En el pueblo, a pesar de que no se conocía muy bien al tal “James”, todo el mundo se sentía demasiado triste por su repentina muerte a manos de un animal desalmado que le había quitado la vida.
Yo era la única de la manada que había salido a la calle en los últimos tres días, los demás componentes fingían que se sentían demasiados tristes y abatidos por la muerte del hombre como para hacerlo y se había encerrado en sus casas para evitar que los demás viera cómo se reían en sus narices ante su tristeza por la muerte de ese cruel cazador de lobos.
Me reí para mis adentros. Todo el mundo creía que había sido un oso o algo por el estilo, pero había escuchado a los policías de la zona que habían encontrado múltiples marcas de dientes y garras de lobos en el cuerpo de la víctima. Ahora solo les faltaba una cosa.
¿Cómo explicaría la policía que un hombre había sido atacado por lobos cuando nunca había habido estos animales en Wolf Point, a pesar del nombre del pueblo?
A no ser que contases con mi manada, pero ellos no sabían que nosotros existíamos a medianoche, cuando la luna se viste por completo de un blanco limpio puro e inmaculado.


Velada Nocturna

Llegué a casa cuando ya había oscurecido.
Abrí la puerta después de haber sacado las llaves del interior de la chaqueta del traje. Había sido un día duro en el trabajo, la gente no dejaba de pedir créditos, a pesar de que el banco estaba entrando en quiebra.
Ya me veía dentro de poco en la calle, pero al menos me quedaba la familia.
Mis dos pequeña. Claire y Samantha, con nueve y siete años, que habían traído la felicidad al hogar cuando mi mujer había estado tan enferma.
El aire otoñal de Oregón entró en el hall de mi casa, bien amueblado y con un color amarillo pistacho en la pared.
Esperé hasta que el grito de mis niñas me llamasen desde el salón para poder fingir una sonrisa y abrazarlas con todas mis fuerzas, que mi mujer apareciese después de ellas y también me abrazase, que me cogiese de la mano y fuésemos a cenar juntos.
No ocurrió nada.
Cerré la puerta con la llave desde dentro y tanteé con la mano en la pared para tocar el interruptor de la luz, lo presioné para que la vieja bombilla se encendiese. No pasó nada. Se habría fundido la bombilla, ya la cambiaría por la mañana.
Me dirigí al salón, extrañado, la mesa estaba puesta, la cena humeante y con una buena pinta. Entonces, ¿porque mi familia no había venidoa darme la bienvenida al hogar?
Fruncí el ceño y subí a mi habitación, al llegar al último peldaño de la escalera, me encontré con un líquido viscoso manchando la alfombra persa del pasillo, levanté el pie, intentando no pisarlo, pero me fue imposible. Resbalé y caí en la alfombra, dándome un buen golpe en la cabeza.
Me levanté, dando cuenta del chichón a la vez que encendía la luz del pasillo.
Si no hubiese estado tirado en el suelo, me hubiese caído de nuevo por la sorpresa. Las paredes estaban manchadas de un líquido sangriento, esparcida por toda su extención.
Había una pequeña figura en la otra punta del pasillo, contra la pared, vestía de blanco y el pelo oscuro le caía sobre la cara, impidiéndome saber si era Claire o Samantha.
Corrí hasta llegar a su lado y la cogí entre mis brazos.
Samantha, la pequeña Samantha.
Me puse a llorar desconsoladamente, apretando el cuerpo inerte de mi hija contra mi pecho. Con ella aún en brazos, me levanté y entré en la habitación de mi mujer.
En la cama estaba el cuerpo de mi Clare y de mi Alice.
Encima de ellas, alimentándose del cuello de mi mujer, había una gran bestia peluda con un cuerpo descomunal y cara de lobo que había abierto su cuello y bebía su sangre.
Caí al suelo y empecé a chillar, la bestia se volvió y me gruñó, dejó caer el cuerpo de mi mujer y cargó contra mí.
Miré a los ojos y dejé que se abalanzase.
Morir era la mejor opción para dejar huir mi alma de tanto dolor.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Sentirse en el cielo.

Buenas, me gustaría contarle mi experiencia en el hotel de costa adeje, La Plantación del Sur, me he ganado un fin de semana allí gracias a una rifa, y una persona que quiero mucho, mi madrina, y mucho más ahora, por aquí aprovecho para decirle, gracias por el regalo.
¿Cómo empezar?, es la pregunta.
El hotel es enorme, imaginaos que para llevarme a mi habitación, una villa, que es una habitación independiente de las demás, tuvieron que llevarme en carro de golf por todo el hotel. XD
Bueno, el alojamiento esta genial, me ha tocado una villa con jacuzzi y vistas al mar, es una pasada, de verdad, sobretodo la cama doble, que estirada horizontalmente sobre ella es como unos treinta centímetros más grande que yo, imaginénse, y yo mido casi el metro setenta.
Después de llegar, cuando empezaba a oscurecer, encendí la tele y descubrí el minibar debajo de esta, y claro, no es gratis. imaginense, una simple botella de 33 cl de cocacola vale 3 €. Y eso sin hablar el servicio de habitaciones.
Me puse a fisgar en la carta de este servicio y me di cuenta de que un simple sándwich de jamón y queso, es decir, un simple sándwich mixto de toda la vida, costaba una burrada, 14.00€ para ser exacto, y una hamburguesa de pollo 15.00€. No me caí del susto porque estaba tirada en el sofá.
Pero no os creaís que he pasado hambre, no, para nada, ya que en el obsequio venía con derecho a desayuno.
Bueno, la comida ya está. ahora toca la habitación.
Ya he dicho que es enorme, al igual que la cama, y tiene un sofá enorme, aunque la tele no es para tanto para todo ese lujo, bueno, además de eso, la "villa" tiene un pasillo que lleve a un armario que es del tamaño de la mitad de mi cocina, y después esta el baño. Que también es enorme, que cuenta con dos lavamanos, un espejo horizontal que va de un lado a otro de la habitación, también tenía una bañera para relajarte. En el baño, además de la de la entrada, hay dos puertas. Una da a la ducha, que también tiene hidromasaje, y la otra, al inodoro ¬¬.
La habitación tiene unas vistas impresionantes, y eso sin hablar de que puedes disfrutar de ellas desde el jacuzzi que está instalado fuera.
El personal del hotel es muy amable, y bastante correcto.
La comida está buenísima, aunque salga un ojo de la cara, por eso solo me atrevo a comerla en el desayuno, de lo demás, tendré que comer comida basura del mcdonald.
Bueno, hasta pronto, y que sepáis que no esperaba menos de un hotel de 5 estrellas. Si tenéis alguna duda, comentarlo, y yo os responderé en cuanto me sea posible.
Hasta otra.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Elementos

El Agua es el principio y elemento de la vida.
La Tierra la hace fértil y ayuda a que se desarrolle.
El Aire arrastra lo maligno y lo mantiene en la oscuridad.
Y el Fuego...
El Fuego es final y destrucción de esta.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Fin de semana diabólico. (Parte 1)

El techo estrellado de mi habitación no me dio fuerzas para cuando mi padre tocó el timbre de la casa y mi madre me pidió que abriese yo la puerta.
Sin embargo, y muy a mi pesar, me levanté de la cama de mala gana y tiré el móvil al suelo. Me detuve un momento a recogerlo y tirarlo de nuevo sobre la cama.
Bajé las escaleras mientras intentaba ponerme los calcetines dando saltos, evitando caer.
Llegué a la puerta y la abrí de un tirón dejando a mi padre con las bolsas de la compra en las manos y yo salí para ayudarle a entrar las demás bolsas marrones.
Fui a cerrar la puerta cuando Randy, mi mejor amigo desde la infancia, me lo prohibió y cogió una de mis bolsas y la llevó rápidamente hasta la cocina, donde mi madre me esperaba, y cogió la patata que sobresalía de la bolsa y empezó a pelarla a gran velocidad y a trocearla, cuando terminó, la puso junto a otro montón de patatas.
- Hola, Randy, ¿qué tal? -Mi madre miró a Randy y puso a freir las patatas, mientras me sonreía y nos indicaba con la cabeza que fuese hasta el salón para ayudar a poner la mesa.
Había muchas cosas que destacar en él, como que mi padre se había limitado a tirarse y encender la tele en vez de ayudarnos a poner la mesa.
Saqué el mantel y lo extendí sobre la mesa mientras Randy lo cogía por el otro extremo y lo estiraba para que quedase perfectamente liso sobre esta. Me quedé poniendo las sillas que sobraban en su sitio cuando mi madre trajo dos platos y mi amigo le seguía con otros dos.
- A comer - llamó mi madre, cuando vio que mi padre se estaba quedando dormido en el sofá mientras daban una debate en la tele ahora que se acercaban las elecciones.
Si por mi fuera, si pudiera votar, ya que todavía tenía dieciséis años, no le daría mi voto a ninguno de los dos.
No sentamos en la mesa mientras mi madre farfullaba no sé que de que nunca entendería la política.
Randy y yo reímos por lo bajo y mi padre cambió de canal y lo dejaba en un informativo cualquiera.
Las patatas estaban buenísimas, como siempre, pero al bistec le había faltado un poco más de fuego para mi gusto. No tardamos ni cinco minutos en terminar con la comida, así que, R y yo nos levantamos y recogimos, para que mientra mis padres se quedaban en el sofá viendo la tele, nosotros subimos a mi cuarto y cerré la puerta.
-Ya verás qué pasada - miré una vez más por el pasillo antes de cerrar la puerta y abrir uno de los cajones de mi escritorio, sacar el polvoriento ejemplar de libro de ocultismo que había encontrada esa mañana cuando mamá me había obligada a una limpieza anual.
- ¿Dónde lo encontraste? - Randy saltó de la cama y se sentó en mi escritorio. yo también me senté a su lado y lo abrí.
En la portada salía una cruz invertida y una especie de letras que no entendí por estar en un idioma que desconocía y que no sabía como interpretar, salvo como lo que sería unas palabras de bienvenida bastante terroríficas, seguramente.
- En el desván, por la limpieza anual. Lo que no sé es como llegó al desván de mi casa - Randy unió su hombro al mío y tocó la portada a la misma vez que yo intentaba pasar la página.
Un escalofrío me recorrió la espalda, y la presencia de que alguien de sombra fría y maquiavélica me estaba
observando hizo que mis dedos temblasen y que bajo la cruz apareciese una manzana mordida.
No sé porque, pero supe que a Randy le había pasado lo mismo.
Me quedé mirando el libro con una nueva sensación de terror que no había experimentado antes, y que no sabía como hace frente.
Miré la esquina más alejada de mi habitación, y allí, junto a la montaña de ropa sucia que se había acumulado tras dos semanas de vacaciones, una figura negra y escurridiza me observaba con ojos dorados.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Tres lunas, dos estrellas y un solo Sol.

Caminaba por el bosque cuando me di cuenta de que la soledad de los pájaros al cantar me había dejado completamente sola y que el cielo se había terminado de oscurecer.
El bosque se había oscurecido, y solo los rayos de las lunas que conseguían traspasar la espesura de los árboles conseguían alumbrame el camino.
Seguí caminando hasta que salí a una carretera donde el asfalto estaba plagado de grandes capas de hielo que podrían causar un gran patinazo a un coche que pasase por ahí.
No sabía como volver a casa guiándome por las estrellas, por lo que solo me limité a seguir la carretera, volviendo a meterme en la seguridad del bosque cada vez que escuchaba la cercanía de un coche.
La segunda luna ya había salido cuando estaba totalmente agotada por aquella carretera que no parecía terminar nunca y que no paraba de dar vueltas allí y allá. Si me acordase de por donde debería ir para cruzar de un lado a otro el bosque puede que ya hubiese llegado a casa y estaría con mi familia.
A salvo.
Pensé en lo que me diría mi padre cuando llegase a casa después de que la segunda luna saliese. nunca lo había hecho, estaba prohibido, y la experiencia de mi padre lo sabía.
Mis piernas terminaron flaqueando hasta que me tiré en el suelo, exhausta y con ganas de llegar al hogar.
Estuve bastante tiempo así hasta que escuché el crujir de una hoja al romperse, detrás de mí, y un olor familiar hundió mis fosas nasales.
Mi cuerpo se puso en alerta cuando descubrí que el olor se acercaba cada vez a mí, y que no dejaba de hacerlo. Me levanté y estuve a punto de tropezar con el arsén cuando subí a la carretera para tener un suelo más plano y cómodo para correr. Pero ellos también lo hicieron, y noté el pequeño temblor que provocaban en el asfalto que había bajos mis pies. seguí corriendo incluso cuando los pocos coches que pasaban por ahí tocaban el claxon y me esquivaban en el último momento, viendo que yo no me apartaba.
Estuve corriendo hasta que salió la tercera luna, ya daba igual si llegaba o no a mi casa, me matarían igual, sentí como los músculos daban los tirones habituales con ello. el vaho me nubló la vista durante un segundo cuando caí al suelo y me abrí las rodillas.
Giré sobre mi misma al tiempo de que el espíritu del bosque hecho de ramas y nieblas se abalanzace sobre mí y se retirase al momento cuando vi el cambio en mis ojos.
Pero antes de que entrase en el bosque, lanzó un agudo chillido a mi espalda.
En medio de la transformación como estaba a causa de la maldición que acusaba a mi familia desde tiempos inmemoriables, giré en redondo, apoyándome en las patas delanteras, ya transformada, y quedé cegada por los faros del coche plateado dos segundos antes de que embistiera contra mí.
- Te juro de que estaba seguro de que era un lobo, cariño -Escuché una voz masculina a mi lado, pero no podía ser la de mi padre, había dicho "cariño".
- Pues yo lo que veo en la camilla es una chica, y no un animal. Ahora si que estoy segura de que te hacen falta gafas - Y esa tampoco era mi madre, su voz era demasiado ruda, y parecía como si tuviese alguna dificultad para hablar.
Abrí los ojos y me encontré bajo una luz fluorescente que me encandilaban y estuve ciega durante un par de segundos, al igual que la última vez que había tenido los ojos abiertos.
Escuchaba un pitido molesto que iba al ritmo de los latidos de mi corazón y cuando bajé la mirada vi una intravenosa bajo la piel de mi mano derecha, y de ella salía sangre. Mi sangre.
Me levanté de golpe y me la arranqué. Advertí que estaba sola en la habitación y que mi ropa estaba en la silla al lado del baño.
Me quité todos los cables que me rodeaban y vi como el pitido que había fingido ser mi corazón se detuvo en uno constante y se encendió una luz roja que estaba por encima del respaldo de la cama.
Alarmada, cogí la ropa y me vestí lo más rápido que pude después de quitarme el camisón verde lima del hospital. Salí al pasillo y me mezclé entre la gente del ascensor como si fuera una más.
Salí del hospital y me quedé mirando el Sol. Abrí los ojos y agradecí su calidez. En comparación con las tres lunas que me obligaban a transformarme en lo que odiaba, ese momento me pareció estar en el paraíso.
Un único Sol, Tres lunas, y las dos estrellas que había visto en forma de faros antes de que el coche me atropellase.

Welcome

Bienvenidos, y gracias por haberme visitado.
En primer lugar me gustaría decir que he creado este blog para publicar pequeñas historias y experencias a vuestra disposición y que podáis comentar sobre ellas, y decirme tanto si os ha gustado o no, y se creéis que debería mejorar en algo.
Intentaré publicar frecuentamente alguna que otra historia para que podáis disfrutar de ellas y yo poder seguir creciendo como escritora.
Después de este resumen, me gustaría daos las gracias por aguantarme y leer mis historias.
Agradeceré los comentarios sinceros y demás
No escribiré así en las entradas, por lo que no hay que preocuparse.
Gracias por intentar saber que es para mi "A Night To Remember".