miércoles, 16 de noviembre de 2011

Fin de semana diabólico. (Parte 1)

El techo estrellado de mi habitación no me dio fuerzas para cuando mi padre tocó el timbre de la casa y mi madre me pidió que abriese yo la puerta.
Sin embargo, y muy a mi pesar, me levanté de la cama de mala gana y tiré el móvil al suelo. Me detuve un momento a recogerlo y tirarlo de nuevo sobre la cama.
Bajé las escaleras mientras intentaba ponerme los calcetines dando saltos, evitando caer.
Llegué a la puerta y la abrí de un tirón dejando a mi padre con las bolsas de la compra en las manos y yo salí para ayudarle a entrar las demás bolsas marrones.
Fui a cerrar la puerta cuando Randy, mi mejor amigo desde la infancia, me lo prohibió y cogió una de mis bolsas y la llevó rápidamente hasta la cocina, donde mi madre me esperaba, y cogió la patata que sobresalía de la bolsa y empezó a pelarla a gran velocidad y a trocearla, cuando terminó, la puso junto a otro montón de patatas.
- Hola, Randy, ¿qué tal? -Mi madre miró a Randy y puso a freir las patatas, mientras me sonreía y nos indicaba con la cabeza que fuese hasta el salón para ayudar a poner la mesa.
Había muchas cosas que destacar en él, como que mi padre se había limitado a tirarse y encender la tele en vez de ayudarnos a poner la mesa.
Saqué el mantel y lo extendí sobre la mesa mientras Randy lo cogía por el otro extremo y lo estiraba para que quedase perfectamente liso sobre esta. Me quedé poniendo las sillas que sobraban en su sitio cuando mi madre trajo dos platos y mi amigo le seguía con otros dos.
- A comer - llamó mi madre, cuando vio que mi padre se estaba quedando dormido en el sofá mientras daban una debate en la tele ahora que se acercaban las elecciones.
Si por mi fuera, si pudiera votar, ya que todavía tenía dieciséis años, no le daría mi voto a ninguno de los dos.
No sentamos en la mesa mientras mi madre farfullaba no sé que de que nunca entendería la política.
Randy y yo reímos por lo bajo y mi padre cambió de canal y lo dejaba en un informativo cualquiera.
Las patatas estaban buenísimas, como siempre, pero al bistec le había faltado un poco más de fuego para mi gusto. No tardamos ni cinco minutos en terminar con la comida, así que, R y yo nos levantamos y recogimos, para que mientra mis padres se quedaban en el sofá viendo la tele, nosotros subimos a mi cuarto y cerré la puerta.
-Ya verás qué pasada - miré una vez más por el pasillo antes de cerrar la puerta y abrir uno de los cajones de mi escritorio, sacar el polvoriento ejemplar de libro de ocultismo que había encontrada esa mañana cuando mamá me había obligada a una limpieza anual.
- ¿Dónde lo encontraste? - Randy saltó de la cama y se sentó en mi escritorio. yo también me senté a su lado y lo abrí.
En la portada salía una cruz invertida y una especie de letras que no entendí por estar en un idioma que desconocía y que no sabía como interpretar, salvo como lo que sería unas palabras de bienvenida bastante terroríficas, seguramente.
- En el desván, por la limpieza anual. Lo que no sé es como llegó al desván de mi casa - Randy unió su hombro al mío y tocó la portada a la misma vez que yo intentaba pasar la página.
Un escalofrío me recorrió la espalda, y la presencia de que alguien de sombra fría y maquiavélica me estaba
observando hizo que mis dedos temblasen y que bajo la cruz apareciese una manzana mordida.
No sé porque, pero supe que a Randy le había pasado lo mismo.
Me quedé mirando el libro con una nueva sensación de terror que no había experimentado antes, y que no sabía como hace frente.
Miré la esquina más alejada de mi habitación, y allí, junto a la montaña de ropa sucia que se había acumulado tras dos semanas de vacaciones, una figura negra y escurridiza me observaba con ojos dorados.

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