domingo, 13 de enero de 2013

Tallando palabras

La vida me ha hecho enfrentarme a cosas que no he querido.
Me han tirado desde un abismo sin retorno, me han dicho que nadie se hará cargo de mí y que el destino me prepara una guerra en la que estoy condenada al fracaso.
Nada de eso me ha afectado y he ganado la guerra. Los lobos y los cuervos se han puesto de mi parte y los dragones han caido.
Digamos que el destino está escrito, sí, pero lo escribimos nosotros sobre la marcha, cambiando una letra aquí y un signo de interrogación allá.
Nosotros escibimos el libro de nuestra aventura.
Lo más importante es que cuando me enfrenté a ellos no retrocedí, sino que mi hermano cuervo me dio un empujón con su pico para adelantarme y empezar a correr.
Cuando empecé no pude parar y me abalancé sobre el primero, que cayó al poco tiempo, cuando tres más de mi bando se abalanzó sobre él para ayudarme.
De pronto, el campo de batalla se convirtió en un mar de sangre y chispas volando entre el choque de espadas, colmilos y escamas.
La luna nos sorprendió, por lo que ya llevábamos luchando todo el día hasta el anochecer sin tregua.
Mi espada se había roto y solo podía luchar con mis colmillos contras las alas membranosas y gigantescas de un dragón dorado que se alzaba contra mí, invencible.
Vi pasar un cuervo por mi lado a toda velocidad. Subió de forma vertiginosa hasta llegar a la cabeza de mi adversario, al cual empezó a picotear en los ojos, intentando dejarlo ciego.
Sonreí y me abalancé sobre él, escalé por su cuerpo y llegué hasta su cuello, donde clavé mis colmillos y le arranqué la vida.
De la garganta del dragón dejó de salir gruñidos, su cuepo tembló y cayó. Salté a tiempo y el cuerpo de mi enemigo caído no me aplastó. Subí de nuevo a él, esta vez al nacimiento de sus alas y grité, dando por finalizada la batalla a haber matado al dragón pesadilla, aquel que hacía que tus peores sueños se hiciesen realidad y que condenaba el mundo que pisaba.
Como de un sueño que gotea, los demás dragones fueron cayendon uno a uno, hasta que ninguno quedó en pie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario