miércoles, 2 de noviembre de 2011

Tres lunas, dos estrellas y un solo Sol.

Caminaba por el bosque cuando me di cuenta de que la soledad de los pájaros al cantar me había dejado completamente sola y que el cielo se había terminado de oscurecer.
El bosque se había oscurecido, y solo los rayos de las lunas que conseguían traspasar la espesura de los árboles conseguían alumbrame el camino.
Seguí caminando hasta que salí a una carretera donde el asfalto estaba plagado de grandes capas de hielo que podrían causar un gran patinazo a un coche que pasase por ahí.
No sabía como volver a casa guiándome por las estrellas, por lo que solo me limité a seguir la carretera, volviendo a meterme en la seguridad del bosque cada vez que escuchaba la cercanía de un coche.
La segunda luna ya había salido cuando estaba totalmente agotada por aquella carretera que no parecía terminar nunca y que no paraba de dar vueltas allí y allá. Si me acordase de por donde debería ir para cruzar de un lado a otro el bosque puede que ya hubiese llegado a casa y estaría con mi familia.
A salvo.
Pensé en lo que me diría mi padre cuando llegase a casa después de que la segunda luna saliese. nunca lo había hecho, estaba prohibido, y la experiencia de mi padre lo sabía.
Mis piernas terminaron flaqueando hasta que me tiré en el suelo, exhausta y con ganas de llegar al hogar.
Estuve bastante tiempo así hasta que escuché el crujir de una hoja al romperse, detrás de mí, y un olor familiar hundió mis fosas nasales.
Mi cuerpo se puso en alerta cuando descubrí que el olor se acercaba cada vez a mí, y que no dejaba de hacerlo. Me levanté y estuve a punto de tropezar con el arsén cuando subí a la carretera para tener un suelo más plano y cómodo para correr. Pero ellos también lo hicieron, y noté el pequeño temblor que provocaban en el asfalto que había bajos mis pies. seguí corriendo incluso cuando los pocos coches que pasaban por ahí tocaban el claxon y me esquivaban en el último momento, viendo que yo no me apartaba.
Estuve corriendo hasta que salió la tercera luna, ya daba igual si llegaba o no a mi casa, me matarían igual, sentí como los músculos daban los tirones habituales con ello. el vaho me nubló la vista durante un segundo cuando caí al suelo y me abrí las rodillas.
Giré sobre mi misma al tiempo de que el espíritu del bosque hecho de ramas y nieblas se abalanzace sobre mí y se retirase al momento cuando vi el cambio en mis ojos.
Pero antes de que entrase en el bosque, lanzó un agudo chillido a mi espalda.
En medio de la transformación como estaba a causa de la maldición que acusaba a mi familia desde tiempos inmemoriables, giré en redondo, apoyándome en las patas delanteras, ya transformada, y quedé cegada por los faros del coche plateado dos segundos antes de que embistiera contra mí.
- Te juro de que estaba seguro de que era un lobo, cariño -Escuché una voz masculina a mi lado, pero no podía ser la de mi padre, había dicho "cariño".
- Pues yo lo que veo en la camilla es una chica, y no un animal. Ahora si que estoy segura de que te hacen falta gafas - Y esa tampoco era mi madre, su voz era demasiado ruda, y parecía como si tuviese alguna dificultad para hablar.
Abrí los ojos y me encontré bajo una luz fluorescente que me encandilaban y estuve ciega durante un par de segundos, al igual que la última vez que había tenido los ojos abiertos.
Escuchaba un pitido molesto que iba al ritmo de los latidos de mi corazón y cuando bajé la mirada vi una intravenosa bajo la piel de mi mano derecha, y de ella salía sangre. Mi sangre.
Me levanté de golpe y me la arranqué. Advertí que estaba sola en la habitación y que mi ropa estaba en la silla al lado del baño.
Me quité todos los cables que me rodeaban y vi como el pitido que había fingido ser mi corazón se detuvo en uno constante y se encendió una luz roja que estaba por encima del respaldo de la cama.
Alarmada, cogí la ropa y me vestí lo más rápido que pude después de quitarme el camisón verde lima del hospital. Salí al pasillo y me mezclé entre la gente del ascensor como si fuera una más.
Salí del hospital y me quedé mirando el Sol. Abrí los ojos y agradecí su calidez. En comparación con las tres lunas que me obligaban a transformarme en lo que odiaba, ese momento me pareció estar en el paraíso.
Un único Sol, Tres lunas, y las dos estrellas que había visto en forma de faros antes de que el coche me atropellase.

1 comentario:

  1. Historias así me encantan, y más con esos finales intrigantes y geniales que pones ~ Espero ver publicadas más entradas, ya que este blog por lo que hablamos promete ser muy adictivo (al menos para ti, para mi y para todo aquel que lo lea y lo entienda). Suerte a partir de ahora y eso, que la inspiración te acompañe <3 kñlsjka.

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