Cerré el libro con un fuerte golpe y la cruz se fue junto al espectro en forma de humo de la esquina.
- ¿Qué ha sido eso? -Randy pegó un brinco y fue a correr hasta la otra punta de la habitación, donde apenas unos segundos antes estaba el espectro. Pero que ahora no estaba dejándome inquieto, sin aire y con ganas de prometerme de que me desharía del libro tan pronto como pudiera.
-Espero que nada del otro mundo, solo una ilusión provocada por el libro. Ya sabes... -me aguante seguir hablando, no podía, mis pulmones se negaban a dejar entrar el aire para poder pensar con claridad. Esto era demasiado para mí y para Randy.
Este siguió tanteando en la pared, por si algo se salía de su sitio en cualquier momento o el espectro de humo volvía a aparecer ante nuestras narices como había hecho un par de minutos antes.
Tiré el libro sobre la cama y cogí del cuello a Randy, obligándole a salir conmigo de la habitación.
A pesar de estar en el pasillo, donde mis padres podían escucharnos con claridad, me sentí mucho más seguro ahí que en mi habitación.
-No podemos decírselo a nadie, ¿de acuerdo? -cogí a Randy del cuello de la camisa y lo zarandeé, más por miedo que por otra cosa que pudiese pasar. Él asintió enseguida, con el miedo metido en el cuerpo con la misma intesidad que en el mío.
Lo solté y las manos me empezaron a temblar de forma violenta. No pude pararlo, por lo que me las metí en los bolsillos para camuflarlo un poco mientras acompañaa a mi amigo escaleras abajo.
Tuvimos que pasar por la puerta del salón para poder llegar a la puerta de la calle. No tuvimos la suerte de que en esos momentos mis padres no estuvieran atendiendo a la tele, que acababan de pasar a los anuncios.
- ¿Te vas tan pronto, Randy? -mi madre alzó la cabeza al vernos pasar, después mi padre la imitó, preocupado. Mi amigo solía quedarse a dormir durante el fin de semana y a la semana siguiente era yo el que me quedaba en su casa. Era así desde que nosotros teníamos memoria, por lo que mis padres tenían motivos para preocuparse-. ¿Hoy no te quedas?
Lo miré, con el miedo, de nuevo, pintado en la cara. Insistiéndole en que dijese algo creíble.
-Se me ha olvidado el pijama en casa -se rascó en la cabeza y me miró, aunque después fue hasta la puerta de la calle y se fue.
-Pero si tiene el pijama de siempre en tu habitación -esta vez me miró a mí y puso cara de circunstancias.
Me encogí de hombros y di media vuelta.
-Esta empezando a quedarle pequeño -me limité a decir.
Subí las escaleras hasta llegar al pasillo, donde me quedé. Enterré la cabeza entre las manos e hice todo lo posible para no echarme a llorar todavía, ya que mis padres estarían a la escucha.
Después de un rato, dejé de esconder la cabeza en las manos y la apoyé en la pared, dejando mi mirada clavada en la puerta de mi habitacion, que parecía susurrarme que entrara.
Un grito de terror de mi madre me sacó de mi ensoñación y me dio la suficiente adrenalina para bajar de nuevo al salón, donde mi padre estaba tirado en el sofá de cualquier modo, pero ni rastro de mi madre. Llegué al lado de mi padre y vi que tenía los ojos en blanco y que estaba imóvil, me abalancé sobre él y le tomé el pulso, salvo que ya no existía.
Estaba muerto.
Mi padre estaba muerto.
Escuché de nuevo el terrorífico chillido de mi madre. En el piso de arriba.
Empecé a correr y salí a las escaleras con una velocidad casi imposible y llegué a tiempo de ver como mi madre subía siendo arrastrada las escaleras que daban al desván, y como su sangre se derramaba de entre sus dedos. La trampilla del desván se cerró antes de que pudiera alcanzarla.
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